Insignias Resplandecientes

william-wongWilliam Wong Loo
Vicerrector de Servicios Universitarios de UCAL

El hallazgo de la mítica Dama de Cao hace unos años no solo enalteció la internacional fama religiosa y orfebre de nuestras culturas del norte del país, sino también generó revuelo en el paradigma del, hasta en esos momentos, monopolio patriarcal y machista en las sociedades pre incas. Su descubrimiento, otro hito ceremonial para la nación, evidenció que las mujeres del antiguo Perú ocuparon los más altos cargos políticos, religiosos y culturales; tal cual los hombres de dicha época. Y es que la inteligencia, la laboriosidad y la bondad de las peruanas han sido, y siguen siendo, insignias resplandecientes desde la antigüedad hasta nuestros turbulentos días. Dones que le han regalado al Perú aguerridas políticas como María Parado de Bellido y María Elena Moyano, expertas educativas y culturales como Liliana Mayo y María Rostworowski, visionarias empresarias como Marina Bustamante y Dalila Gamarra. Un ramo de dignas ciudadanas que son modelo de otras miles que permanecen en el anonimato y que van haciendo patria segundo a segundo, frecuentemente con críos al hombro, luchando con estigmas virreinales y muchas veces defendiéndose de la silenciosa violencia.

Porque en esta tierra del Tahuantinsuyo es la mujer quien sujeta sin titubeos las riendas de su morada, cuando el vil e insano abandono tumba la puerta. Con firmeza se reinventa, sale de la caja, innova y esculpe el futuro de su familia. Abraza a sus hijos, apunta hacia el norte y avanza casi imparablemente. Porque es en el Perú en donde el 23% de madres son líderes del hogar, donde más del 60% de las madres del país trabajan; y muy probablemente doble, en la oficina y en el domicilio. Es en este país sangrante con regularidad, en donde la estadística de emprendimiento se hace única según el BID, pues existe una mayor proporción de mujeres emprendedoras peruanas que hombres emprendedores, cuando en la región es todo lo opuesto. Por ello mujer peruana, cuando sientas la amenaza de la cobarde y deplorable agresión, alza tus manos para defenderte, tu voz para denunciar; recuerda que tus ancestros, tus entrañas, son la valentía y la perseverancia. Por ello hombre peruano, cuando sientas el impulso de la cobarde y deplorable agresión, baja la mirada y recuerda que provienes de un útero; alza la mirada y recuerda que si la justicia terrenal no llega, la divina tarda pero no olvida.