El refugio, uno de los derechos humanos

antonio-cambordaJosé Antonio Camborda Ledesma
Periodista, Director de la revista virtual Enterados.pe y Profesor de la Universidad Jaime Bausate y Meza
Twitter: AntonioCambord1

El mundo europeo ha tenido que reaccionar, por fin, ante el drama de miles de inmigrantes sirios que buscan refugio en el viejo continente, tras huir de la violencia, los desastres y la guerra en su país.

Y la reacción se ha producido después de que se publicara la dramática fotografía del niño Aylan Kurdi, cuyo cuerpecito fue encontrado varado en las orillas del mar Turquía. Una fotografía que estremeció al mundo. El padre de Aylan sobrevivió al naufragio en el cual murieron su esposa y sus dos pequeños hijos, y varias personas más.

En las últimas semanas, una docena de inmigrantes fueron encontrados muertos en una furgoneta en Austria y ocurrieron varios naufragios en el mar Mediterráneo, entre las costas de Turquía y la isla griega de Kos, pero nada de ello conmocionó tanto como la foto de Aylan Kurdi.

Nino Sirio AhogadoLas primeras reacciones están contenidas en las palabras de José Manuel García-Margallo, ministro español de Asuntos Exteriores, quien dijo: “Ninguna persona decente, y más si es padre, puede dejar de sentirse conmovida ante esas imágenes”. Y añadió: “No podemos caer en la globalización de la indiferencia”.

Demandó la necesidad de buscar soluciones inmediatas y contundentes frente a la crisis y a tener de una vez una política común en materia de asilo e inmigración.

Otras voces se alzaron. La presidenta de la subcomisión de Derechos Humanos de la Eurocámara, Elena Valenciano, resumió su horror en una sola frase: “Es la foto del fracaso de Europa, del mundo desarrollado”.

Y la candidata a liderar al Partido Laborista británico, Yvette Cooper, demandó al primer ministro David Cameron una mayor implicación del Reino Unido “para aliviar el drama”.

La Comisión Europea está planeando cómo redistribuir a los refugiados y condensa los esfuerzos de reparto en muy pocos países. Por ejemplo, Alemania, Francia y España deberán acoger al 59% de los 120.000 asilados que ahora se concentran en Hungría, Grecia e Italia.

A cambio de pedir solidaridad, Bruselas propone endurecer las expulsiones de los migrantes sin derecho a asilo e insta incluso a detenerlos si hay riesgo de que incumplan la orden de regreso.

El Ejecutivo comunitario quiere persuadir a los Estados de que acepten ese controvertido marco de reparto de refugiados porque lleva asociada una mayor agilidad en las devoluciones de todos aquellos que no reciben el estatus de refugiado.

Los técnicos han pulido los criterios iniciales de acogida (población, PIB, esfuerzos anteriores en asilo y paro) para hacer recaer el grueso en un puñado de países. A Alemania y Francia —ambos partidarios del esquema obligatorio de cuotas— se les otorga la mayor responsabilidad.

España —muy reacia en principio a la iniciativa, aunque ha suavizado su postura— figura en tercer lugar, con 14.931 nuevos demandantes de asilo a los que atender.

El bloque del Este —el más renuente desde el principio— sale mejor parado, en un movimiento táctico del equipo de Jean-Claude Juncker con vistas a lograr la máxima aceptación por parte de los Estados miembros.

Dada la emergencia que viven Italia, Grecia y Hungría, Bruselas insta a “asegurar un desplazamiento rápido al Estado de acogida de las personas afectadas”. Y con el fin de vencer las enormes resistencias de los países del Este, Bruselas rebaja significativamente la cuota asignada a ese bloque. La excepción es Polonia, que pasa del 6,65% al 7,74%.

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Junto a ese documento de redistribución, Bruselas propone acelerar las devoluciones de los llamados migrantes económicos (sin razones de guerra o persecución). Eso implica que los Estados miembros “deberían usar las detenciones como una medida legítima de último recurso, cuando sea necesario evitar que los migrantes irregulares se fuguen”.

En la actualidad las normas vigentes sobre retorno de extranjeros ya permiten detener durante seis meses (y hasta un máximo de 18 en casos excepcionales) a los extranjeros sujetos a una orden de detención. La directiva que lo permite, de 2008, generó una gran controversia por contemplar medidas tan estrictas.

La Comisión Europea amenaza con abrir procedimiento —con la posibilidad de imponer sanciones— a los Estados “que no cumplan con sus obligaciones, incluida la de adoptar y reforzar las decisiones de retorno”.

Así figura en la propuesta sobre las expulsiones, que también incluye un fondo para incentivar más el regreso voluntario.

También se penalizará a los Estados que, con muy buenos argumentos, rechacen acoger a los refugiados que les correspondan en el reparto. Esos Gobiernos deberán abonar al presupuesto comunitario una cantidad por determinar que se cifrará como porcentaje del PIB del país en cuestión. El dinero engrosará un fondo europeo de asilo y migración.

Con todas estas propuestas, la Comunidad Europea está obligada a afrontar el reto de cumplir con un derecho que tienen todas las personas a acogerse al refugio en caso de estar su vida peligro o en riesgo a perder su integridad. Negar ese derecho no sólo es negativo sino inhumano.

Cuando los historiadores escriban más adelante sobre el derecho al asilo y al refugio, el niño Aylan Kurdi y su muerte tendrán que ser reconocidos como un héroe y un acto heroico respectivamente.